La otra canción del baile (Nietzsche)
Acabo de mirarte a los ojos, mi vida, y he visto en tus oscuras miradas centelleos de oro; ante tal voloptuosidad mi corazón se ha detenido. He visto centellear una barca de oro sobre aguas tenebrosas, que se mecía, hundiéndose, e inundada, lanzándome señales. Lanzaste una mirada a mis pies ansiosos de bailar: una mirada inquieta, sonriente, inquisitiva, insinuante. Solo dos veces agitaste tus castañuelas con tus manos pequeñas, pero ha bastado para que mis pies comenzaran a moverse con ansias de bailar. Se irguieron mis talones, los dedos de mis pies prestaron atención para poderte oír, pues quien baila tiene oídos en los pies. Salté a tu encuentro, más tu retrocediste y escapaste de mí. Llamearon la lenguas de tu cabello suelto dirigidas a mí, cual serpiente que huyera. Me retiré de un salto de ti y de tus serpientes; entonces te paraste y, dándote la vuelta, me miraste con ojos anhelantes. Con miradas sinuosas me muestras caminos tortuosos, por donde mi pie aprende a andar con astucia. Te temo, si estás cerca; te quiero, si estás lejos; me atraes, si escapas; y, si te busco, me haces detener; estoy sufriendo mucho, ¿pero qué no he sufrido gustoso por ti? Tu frialdad me entusiasma, tu odio me seduce, tu huida me aprisiona, tus burlas me conmueven. ¿Quién no te va a odiar con lo atractiva, tentadora, inquisitiva y descubridora que eres? ¿Quién no te va a amar, pecadora, inocente, impaciente, rápida como el viento, de ojos infantiles? ¿Hacia dónde me llevas ahora, criatura prodigiosa,niña traviesa? Ahora huyes de mí de nuevo, dulce presa, niña ingrata. Te sigo, bailando; te sigo por una pequeña huella. ¿Dónde estás? ¡Dame la mano! O tiéndeme al menos alguno de tus dedos. Aquí hay cuevas y arbustos; nos vamos a perder. ¡Alto!, ¡detente! ¿No ves revolotear búhos y murciélagos? ¡Eh, búho! ¡Eh, murciélago! ¿Te burlas de mí? ¿Dónde estamos? Has aprendido de los perros a aullar y a ladrar. Me gruñes, cariñosa, con tus blancos dientecillos; tus ojos maliciosos me fulminan tras los rizos de tu pelo ondulado. Bailamos por los campos; yo soy el cazador, ¿quieres ser mi perro o mi gamuza? ¡Ven ahora a mi lado!, ¡más rápido, malvada saltarina! ¡Arriba, ahora! ¡Al otro lado! ¡ay!, ¡me he caído al saltar! ¡Mírame aquí en el suelo, pidiéndote perdón a ti tan arrogante! Me gustaría atravesar contigo caminos más agradables, senderos del amor, por silenciosos bosques multicolores, o rodear el lago aquel en donde nadan y bailan pececillos dorados. ¿Estás fatigada? Allí arriba hay ovejas y atardeceres. ¿No es hermoso dormirse oyendo tocar la flauta del pastor? ¿Tan fatigada estás? Voy a llevarte en brazos;déjalos caídos. Y, si tienes sed, podría apagarla, pero quizá tu boca no querrá mi bebida. ¡Oh, serpiente maldita, ágil, flexible, embrujada...! ¿Dónde has ido? ¡Pero siento en mi cara la huella de tus manos:dos manchitas rojizas! ¡Qué harto estoy de ser siempre tu estúpido pastor! ¡Hasta ahora yo he cantado para ti, hechicera! ¡Ahora tú debes gritar para mí! Bailarás gritando para mí al compás de mi látigo. ¿Acaso te creías que no lo había traído?
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