viernes, 17 de julio de 2009

Inevitable melancolía



"Fue el cavernícola melancólico y retraído que se quedaba atrás y meditaba, mientras sus felices y musculosos compañeros cazaban la cena, quien hizo avanzar la cultura", afirma Wilson en su libro "Contra la felicidad. En defensa de la melancolía".
"Según una encuesta reciente del Pew Research Center, casi el 85% de los estadounidenses cree que son muy felices o, por lo menos, felices". Wilson menciona el culto a la belleza, la obsesión por acumular riquezas y las cómodas pastillas para la felicidad, y se pregunta, casi con desespero, en la introducción de su ensayo: "¿Qué podemos hacer con con esa obsesión por la felicidad, obsesión que podría conducir a la extinción súbita del impulso creativo?".

El estado de melancolía permite ser dueño de tu opinión y tu destino, y, sobre todo, instalarse en el territorio incómodo de la conciencia individual
El debate sobre la relevancia de la melancolía como motor creativo no es reciente. Jorge Luis Borges elogiaba con frecuencia el monumental libro de Robert Burton Anatomía de la melancolía, aparecido en 1921, que también han celebrado en su momento Samuel Beckett, Anthony Burgess y John Keats, quien compuso también su famosa Oda a la melancolía.

Burton afirmaba que sólo son inmunes a la "bilis negra" los tontos y los estoicos. Tiempo después el genial Gustave Flaubert reformularía la idea con una frase más incisiva: "Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos".

En 1932, Aldous Huxley en "Un mundo feliz" adelantó un retrato de la sociedad contemporánea. Una sociedad sin problemas, con tecnología de punta, producción en serie, prosperidad y paz a costa de los valores familiares, la cultura y los sentimientos.¿Tiene la ignorancia que ver con la felicidad, la cual nos crea mundos planos, sin complejidades intelectuales?. Un cuestionamiento que Ray Bradbury hizo ya en 1953 en su Fahrenheit 451, en el que millones de libros eran quemados porque leer confundía la mente y causaba preocupaciones, por lo tanto impedía que la gente fuera feliz.
No hay protagonistas felices en la literatura porque la infelicidad genera conflicto dramático. Tolstoi escribió: "Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera".

"En realidad, sólo se puede experimentar la belleza cuando tenemos el melancólico presentimiento de que todas las cosas del mundo acaban. Es la fugacidad de un objeto la que le confiere belleza, y esa fugacidad se manifiesta en sus grietas y fisuras, que son manifestaciones de decrepitud. Temer a la muerte es renunciar a la belleza a cambio de lo bonito, esa rebelión fláccida contra la corrosión. Caminar pensando en la muerte es abrir el corazón a relámpagos de fuego que no tienen igual".

Ese sentimiento es visceral, no es teórico,la melancolía no se aprende solo sucede; en el momento más feliz de la pobre existencia,uno se cuestiona: ¿basta solo esto para sonreír? y se acaba la fantasía, porque uno mismo es la fantasía, y no hay nada allá afuera.

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