
Buscar lo remoto con férvidas ansias y en limbos extraños hundir obstinado el deseo. Con estas palabras de Julio Cortázar se puede empezar a escribir algo sobre Jardín de Piedra (si esto es posible en términos lógicos), un grupo de música para volar, caer, descender y seguir volando. Si existe algo que puede encender y liberar el espacio y el tiempo a la vez, jaloneando hasta límites indefinibles las cadencias y las armonías, esto es posible oyendo en absoluto silencio dentro de una cueva la música de los jardineros. La herramienta retórica de la exageración para persuadir de algo es utilizada aquí con plena consciencia, sabiendo que hablamos en exceso de algo que es excesivo sensorialmente, ya que si las palabras pudieran aprehender las impresiones que deja éste su primer disco "Mapa Universo", se convertirían en polvo. Influenciados por grupos como Tool, Pink Floyd,King Crimson, Radiohead, Nirvana, Pearl Jam, Bjork, y otros más, han hecho posible fundir un rock progresivo con matices alternativos (rasgos que simplifican enormemente su propuesta, destinada a explorar siempre otros parajes) que permiten al oyente pisar tierra, brindarle un soporte ficticio para enseguida despedirlo y mantenerlo suspendido en oceános aéreos. El disco se abre con una nota punzante in crescendo, que se acopla con un ritmo desesperado por desfogarse y salir a la luz.Nébula.Una vez que lo hace el estallido se produce y revela un dolor místico y humano.¿Dónde está el hijo del hombre?.Es el parto.Lo que sigue es un fugaz arrullo de calma, que colinda con una inocencia inquieta por dar sus primeros pasos sobre el mundo.El niño vino de una Hora Celeste, y se hizo aire.Las alas aún no son arrancadas.El viaje pesaroso se inicia con Nimbos, el crecimiento es extremadamente complicado y desgarrador.El candor inicial va deviniendo en locura.El fuego lo sujeta de los pies, y puede pintar el color que salpica el sol.Calcinado,el hombre yace, pensativo, e ingresa al mar,toca el agua.Se deja arrastrar por las olas, ensimismado en su propio vacío.Somos Piedras que arrastra el Mar.Se encuentra perdido y quiere acabar con la agonía.Se duerme con una Canción de cuna para un Mundo Enfermo, desesperanzado. Al despertar, busca otra tierra,su mundo es demasiado hostil y asfixiante.Se encuentra con Ruidos mecánicos en la Luna, que habilitan una puerta surrealista, donde el temor es un sueño,y los recuerdos existen sólo cuando los olvidamos.Pero aún continúa preguntándose ¿Dónde estuvo el mar?.En esa ruta insana llega al Mandala, y danza con los agujeros abiertos por él mismo.Retoza con el padecimiento, comienza a entender que la verdad fue siempre doble, olvida el sol y sigue el diamante.Es posible ahora proyectarse hacia la Desaparición del Reino de la No Razón,no hay locura ni cordura, dolor o placer,sólo seres humanos absurdos que nacieron sin sentido, caminando todos sobre el mismo lomo del inmenso animal esférico que respira en el universo.Siente la soledad última,el templo del absurdo se destruye frente a sus ojos,no hay cabida para otro ser en su propio ser.Observa el universo angustiado y se reencuentra con el candor del comienzo, y se da cuenta que es otro nombre para la locura,el hombre disfruta de construir pirámides solo por verlas caer,no hay un sentido,no hay que buscarlo; sino hay realidad,sólo queda ensanchar los límites de lo que es real a los ojos,porque la tierra no es el límite y todo es posible y cierto. Instalado pacíficamente en su demencia,ve por fin extasiado, con instinto animal el Mapa Universo,razona,divaga, se sabe eterno y frágil,y se ríe de sí mismo, preparándose para renacer otra vez en la siguiente caída.
Aunque el disco no tiene pretensiones conceptuales,cada uno puede realizar su propio viaje.Es lo que a nuestro parecer propone el disco: un viaje psicológico por extraños limbos mentales. Es el paso de la inocencia primaria del infante hacia la neurosis del hombre insatisfecho con una sociedad que controla sus impulsos tanáticos.El malestar de la cultura en palabras de Freud.Pero este hombre contrariado ríe al final, y se reencuentra con este malestar aceptándolo como suyo. La llave para ingresar a la instancia que nos transporta con su música se encuentra en nuestra propia subjetividad, en la inconsciencia, en los sueños, y en los espejos.Jardín de Piedra refleja al ser humano con toda su capacidad magistral para sentirse vivo y muerto a la vez.No es música para oídos cultos, sino para seres que pueden abrigar en su pecho una jaula que va en busca de un pájaro.No es música evasiva, es profundamente humana, tanto que desea prolongar el placer orgásmico de un cántico, y hacerlo eterno,sabiendo de antemano que va a fracasar en el intento.Solo hace falta un retorcimiento, un pensarse solo, y un ansia de experimentación consigo mismo. Quizá Julio Valdizán, el músico eterno, sepa ya todas las respuestas.Desde aquí, un homenaje a la música que él inspiró.
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